.

sábado, 9 de marzo de 2013

Colombia: Érase una vez un contador de historias de la radio

0 comentarios
Álvaro Ruiz Hernández escribió 150 capítulos de las aventuras del Hombre Increíble para tres series de ‘Kalimán’. --- Foto por Christian Mercado - ElHerando.co
Álvaro Ruiz Hernández escribió 150 capítulos de las aventuras del Hombre Increíble para tres series de ‘Kalimán’.
09 de Marzo de 2013 -


En 1968, en una pequeña oficina de los estudios de Emisoras Riomar, en la esquina de la carrera 46 con calle 70, en Barranquilla, un hombre joven de grandes anteojos castigaba durante casi todo el día su máquina de escribir, con una taza de café tinto a su lado, sin perturbarse por el ruido que hacían a su alrededor, pues estaba concentrado en descargar en el papel la heterogénea cáfila de personajes que, enredados en toda suerte de peripecias y aventuras, bullían en su cabeza: asesinos, asaltantes de bancos, atracadores de autobuses, sectas implacables de ultratumba, vaqueros del Viejo Oeste, piratas legendarios, estrellas del cine mudo y animales personificados.
Era así como Álvaro Ruiz Hernández, quien entonces tenía 35 años, lograba escribir cada día cinco libretos, en su mayoría de siete cuartillas tamaño oficio cada uno, y la jornada le alcanzaba además para dirigir los ensayos y las grabaciones de aquellas ficciones radiofónicas, que involucraban un elenco de por lo menos 10 actores. Por eso su labor diaria empezaba a las siete de la mañana y concluía a las nueve de la noche.
“Fue mi época de oro como libretista de radio”, recuerda él ahora, con una memoria diligente y precisa. En aquel año 1968, había sido llamado por Leonidas Otálora Gómez, propietario de Emisoras Riomar, para reemplazar al libretista bogotano Humberto Chávez, quien a su vez había reemplazado al libretista argentino Boris Roth, los cuales, por distintas razones, habían permanecido escasas semanas en sus puestos en la muy popular estación barranquillera. Roth había creado una serie llamada Guerra al crimen, de la que se habían emitido “unos 13 o 15 capítulos”. La misión de Ruiz Hernández era continuarla. Otálora Gómez pretendía que sólo se narraran asesinatos, pero Ruiz Hernández le hizo ver que la ciudad no producía tanto material en ese tema. Así que la rebautizó La ley contra el hampa, para incluir todo tipo de delitos, desde aquéllos de poca monta hasta los sofisticados asaltos bancarios (“que se iniciaron en Barranquilla por esa época”), sin excluir los homicidios.
La ley contra el hampa se transmitía todos los días de 11:30 a 12 del mediodía. En su presentación, en la potente voz del locutor samario Rafael Araújo Gámez, se escuchaba siempre: “El hampa no descansa, no duerme; día y noche acecha para caer con las garras sobre su presa. Pero también hay hombres abnegados que se exponen para hacer la guerra al crimen”. En poco tiempo alcanzó una audiencia arrasadora, que incluía adictos que, cuando al receptor de radio le daba por averiarse en plena transmisión, corrían a casa del vecino para no perder detalles de la misma. “Llegó a ser más escuchada que los radioperiódicos”, dice Ruiz Hernández.
Pero aquel período de su carrera fue grandioso porque su fecundidad creativa dio lugar asimismo a otros seriados que le granjearon una gran sintonía a Emisoras Riomar, tales como Los indomables, que contaba aventuras de piratas; Casta de valientes, “un largometraje radial del Viejo Oeste, de dos horas, sin narrador, que se emitía los domingos a la 11 de la mañana”; Riomarilandia, dedicado a cuentos infantiles; Vaudeville Riomar, que escenificaba anacrónicos encuentros entre artistas de la farándula de épocas diferentes (“como uno entre Paula Negri y Marilyn Monroe”); y, sobre todo, Código del terror, otro de los grandes éxitos del radiodramaturgo barranquillero, que, entre 11:30 y 12 de la noche, paralizaba de miedo y asombro a incontables oyentes de todas las edades.
“¿Qué escribiría yo si fuera Víctor Fox?”.
Al terminar aquella década, Ruiz Hernández tuvo un desafío creativo que le dio la oportunidad de demostrar en todo el país su gran talento como contador de historias de la radio. Desde 1965, se transmitía por el circuito nacional Todelar –al que pertenecía Emisoras Riomar– la serie Kalimán, un superhéroe de creación mexicana que había conquistado a América Latina. Con libretos del mexicano Víctor Fox, se producía en Bogotá, en Radio Continental, con un elenco colombiano encabezado por el famoso actor Gaspar Ospina, quien encarnaba al llamado Hombre Increíble. Pero la poderosa Editorial Novaro, de Cuidad de México, dueña de los derechos de autor del personaje, se atravesó en el camino alegando que Fox –que hacía parte de su staff– no estaba autorizado para comercializar tales libretos. Hubo un tira y afloja, pero debido al gran éxito de Kalimán y a los muchos compromisos publicitarios adquiridos, Todelar optó por proseguir el seriado con un libretista colombiano. ¿Quién podía ser, dónde encontrarlo? La respuesta la dio Gaspar Ospina. “Si hay alguien capaz de escribir Kalimán, fuera de Víctor Fox –dijo–, es Álvaro Ruiz Hernández”. Ospina y Ruiz Hernández se conocían bien, pues el actor antioqueño había estado en Barranquilla, donde había actuado en un capítulo de Código del terror y en otro de Casta de valientes.
De modo que entre comienzos de 1970 y finales de 1971, Ruiz Hernández recuerda haber escrito casi 150 capítulos de las aventuras del Hombre Increíble, concretamente de tres tituladas “Kalimán contra el extraño doctor Muerte”, la que continuó y llevó a su fin; “Kalimán contra Sandra, la reina de los gorilas”; y “Kalimán contras las momias de Machu Picchu”. En estas dos últimas, acabó alternando con Víctor Fox, quien a la larga le profesó una abierta admiración. Cuando se le indaga cómo hizo para sortear con éxito el reto de escribir sobre un personaje de tal magnitud y que no era suyo, Ruiz Hernández contesta a su vez que sólo le bastaba con hacerse esta pregunta: “¿Qué escribiría yo si fuera Víctor Fox?”.
Un hogar de farándula.
Estos logros en la dramaturgia radiofónica no eran resultado del azar. El mundo de la radio y el de las letras estuvieron ligados a él desde muy niño. Nació el 23 de agosto de 1933, en el barrio San Roque, en un hogar de farándula: su mamá, María Hernández Sarmiento, tocaba el tiple y cantaba, formando un dueto con su papá, Ovidio Ruiz Sánchez, que la acompañaba con la guitarra y la segunda voz, y que hacía las delicias en las fiestas de los amigos; y su hermana mayor Carmencita Ruiz, con recursos de la familia, solía contribuir con dinero y regalos para los premios de los programas de concurso de los radioteatros. Por otra parte, desde los 11 años escribía poesía y la declamaba en las fiestas. Tuvo como profesor de Literatura y Preceptiva Literaria al poeta Miguel Rasch Isla, en el Colegio Márceles, donde se graduó en bachillerato comercial en 1952.
Entre 1954 y 1955, escribió dos artículos mensuales para el diario La Prensa. Además, en el centro de su infancia había un Telefunken y un Zenith TransOceanic, que poblaron su imaginación de series dramáticas y telenovelas extranjeras como El capitán Silver, Ojo de águila (interpretadas por el mexicano Carlos Montalbán), Las aventuras de Chan Li Po, de Félix B. Caignet, y Cartas que nunca llegaron. Tampoco olvida Las aventuras del conde Drácula, del libretista barranquillero Enrique Peña, difundida por La Voz de Barranquilla.
La de Emisoras Riomar fue apenas la primera etapa de aquellos años maravillosos de su carrera, que continuaron en Bogotá, en la cadena nacional Caracol, adonde se fue en 1974 contratado como libretista. Allí permaneció hasta 1977, ganó mucho más dinero de todo el que había ganado hasta entonces en la radio, y escribió y dirigió sus dos clásicos, La ley contra el hampa (que adoptó el nombre de Los trucos del hampa) y Código del terror, además de otras series como Buenos tardes, doctor (una especie de Doctora Corazón que resolvía los dilemas de amor de las mujeres) y radionovelas como Inútil sacrificio. Tuvo a su servicio un elenco que incluía, entre otros, a célebres actores como Silvio Ángel, Carlos de la Fuente, Carlos Muñoz, Chela del Río, Teresa Gutiérrez y Amparo Grisales.
De Caracol renunció para regresar a Barranquilla a realizar su gran sueño: publicar sus historias en cómic. “Pensé que iba a comprar el cielo y la tierra”, dice. Sacó ocho ediciones, con una frecuencia quincenal y circulación nacional, de Código del terror, en 1977, con dibujos de artistas barranquilleros, al cabo de las cuales, sin embargo, y por una vileza de competencia desleal de Editorial Novaro, se fue a la quiebra. “Código del terror me dio gloria y fama, pero también me arruinó”, reflexiona ahora.
Se hace radio al andar
Álvaro Ruiz Hernández debutó en la radio a los 25 años, en octubre de 1958, como voz comercial de la transmisión que hizo por entonces Emisoras Unidas de la Serie Mundial de Béisbol, y cuyo narrador era Marcos Pérez Caicedo. “Entrar a trabajar a Emisoras Unidas era como jugar en un Mundial de Fútbol”, expresa. Se había casado el 14 de diciembre del año anterior con Gladys Campillo, con quien tendría cuatro hijos: Álvaro, Ketty, Rafael y Diana, en la actualidad profesionales en distintos campos y residentes fuera de Barranquilla. En Emisoras Unidas continuó con turnos de 8 a 12 p.m., pues en el día trabajaba de planta en el Banco Industrial Colombiano, al que estaba vinculado desde 1953. Pero en enero de 1960 renunció al banco, con la reprobación de la familia, y se dedicó por completo a la radio, emprendiendo una larga y fructífera carrera que lo llevó a recorrer más de diez emisoras, tales como Radio Pacífico, de Cali; Emisora Nueva Granada (cuando ésta era la más prestigiosa del país) y la estación básica de Caracol, de Bogotá; así como las barranquilleras Radio Reloj, Radio Vigía, La Voz de Barranquilla, Emisoras Riomar, Radio Piloto, Radio Tropical, Radio Jalisco, La Voz de las Estrellas y Emisora Atlántico.
Además de libretista –actividad que inició en 1963 en el espacio dominical Teatro RCN, por La Voz de Barranquilla, y que dio como fruto cientos de dramatizados, incluidos los éxitos ya mencionados–, se destacó también como locutor de cabina y como autor y presentador de amenos y didácticos programas de música popular latina, como Cita con el pasado y Postales del ayer; este último lo estuvo realizando hasta hace pocas semanas, en Radio Tropical de la cadena La Libertad, de 7 a 9 a.m., todos los domingos. “Lo suspendí porque no pude sostener el costo del arriendo del espacio, que me aumentaron a $600.000 mensuales”, se lamenta. Y agrega: “Me harté de estar pagando para hacer radio, tormento que empezó para mí en 2003”.
Ruiz Hernández vive en un minúsculo apartaestudio en el barrio La Magdalena, en difíciles condiciones económicas, en compañía de su segunda esposa, Rocío Gómez, quien desde hace 15 años le prodiga amor y cuidados, y comparte con él su mundo de recuerdos radiales. Esos recuerdos los ha plasmado en un libro inédito titulado Hechos históricos de la radio en Barranquilla, escrito en 2009. Sobre éste dice: “Lanzo un clamor para que me colaboren con la publicación del libro”. Y agrega, con la dignidad en alto: “Creo, además, que por mi trayectoria merezco un espacio en la radio sin tener que pagar”.
Se aproxima a sus ochenta años, pero está claro que su vocación por los micrófonos no conoce fatiga y que, por eso, todavía no se resigna a que lo aparten de ellos.
Por Joaquín Mattos Omar

FUENTE
www.elheraldo.co/revistas/latitud/erase-una-vez-un-contador-de-historias-de-la-radio-102907

Enlace Emisoras de Barranquill